miércoles, 5 de marzo de 2008

Adiós, adiós a tantas cosas

Tras ¿17? años viviendo en la misma casa, ésta será la última noche que pase bajo su techo. Hoy, por fin, ha tocado embalar todo y tirar miles de cosas a la basura: juguetes rotos, colecciones de tazos y chapas, un diario al que le había arrancado las páginas escritas (ahora es cuando le doy la razón a mi madre, me gustaría haber podido leer lo que escribí en ellas)...
Pero, aunque no me invade ni mucho menos la nostalgia, también noto que dejo atrás recuerdos y amistades que de un modo u otro a partir de mañana sentiré aún más lejanos. Con las viejas cintas de cassette repletas de canciones horteras, con los libros infantiles que no me llegaron a calar, también se queda una pequeña parte de mí, como si fuera una serpiente que mudara, en lugar de piel, pequeñas sombras de niño.
También ha habido lugar para los reencuentros. Guardaba semiescondidos varios discos de 3 y medio (floppy discs, como Mr. Floppy, como mi perro) con comienzos de historias. Se ve que ya desde pequeño le cogí afición a dejar las cosas a medio empezar. La cuestión es que sí hay dos relatos laaargos concluídos, y he pensado que colgarlos puede ser un semi-homenaje a mí mismo, que para eso el blog es mío, juas. Son muy largos, y los escribí con 16 años, asi que leerlos puede resultar mortal. No obstante, lo más seguro es que esté aproximadamente 15 días sin conexión a internet en la casa nueva, por lo que sirve de macro-actualización para que no me critiquéis por dejar esto abandonado.
En fin, ahí van. Tened los pañuelos cerca para cuando lloréis de risa.


Tristán

Tristán se encontraba sólo. Era de noche, una noche fría y oscura como pocas, y lo único que le permitía ver la penumbra que le rodeaba era el gran portón de un castillo y sus infinitas murallas a cada lado.
Decidió bordear las murallas, en busca de los límites del castillo, pero por más que andaba no paraba de aparecer piedra y más piedra, nada más, por ninguno de los dos lados.
Ante su sorpresa, aceptó que el único modo de llegar a otro sitio y no morir allí sólo y congelado por el frío era entrar en el enorme castillo.
Nada más acercarse al portón, éste se abrió automáticamente, sin haber tenido que llamar, y ante el apareció un paje que por su estatura no debía de ser más que un niño y, ante la sorpresa de Tristán, le dijo:
- Se ha retrasado. El rey le está esperando.
A continuación el paje le guió por el largo pasillo central, con otros dos pasillos a los lados, que a vista de Tristán parecieron infinitos. Finalmente el paje se paró frente a una puerta totalmente de oro, con figuras que Tristán no reconoció y con símbolos que igualmente no supo interpretar. De nuevo el paje, sin aparente expresión en el rostro, habló:
- Adelante.
Esta vez si tuvo que empujar la pesada puerta, y cuando consiguió abrirla quedó deslumbrado por la sala en la que entraba: el techo parecía tocar el cielo, y su anchura no era menor; las columnas, todas de oro, semejaban serpientes enroscadas entre sí; pero lo que más deslumbró a Tristán fueron las dos figuras que había sentadas en el trono. Una de ellas era un anciano, de pelo canoso pero con el rostro vivaz, y la otra, la que más sorprendió a Tristán, era una niña, que debía tener su misma edad, con la piel blanca como la leche y el cabello tan rubio que deslumbraba al mirarlo fijamente. Una voz grave rompió el ensueño de Tristán, procedía del anciano:
- Bienvenido al castillo de Oniria, Tristán. Yo soy Arthur, rey de Oniria y encargado supremo de la protección de los sueños, y ésta es mi nieta, Gemma, la más preciada entre mi descendencia. Se que lo que voy a contar te dejará desconcertado, pero igualmente lo tienes que saber. En este castillo es donde se guardan los sueños de todas las personas de tu mundo. En los infinitos pasillos que has visto viniendo hacia esta sala se encuentran tantas puertas como personas duermen, por eso su número es cambiante, y no siempre aparecen donde antes estuvieron. Por algún extraño motivo, tu has despertado dentro del sueño que tenías, quedando en un estado entre sueño y realidad. Así es que a continuación tendrás que buscar tu puerta, y una vez que hayas entrado nuevamente en tu sueño, tendrás que encontrar una llave, la llave que abre esta puerta –entonces el rey indicó una puerta de madera, que parecía vieja y desgastada, que se encontraba a la derecha del trono. Una vez que consigas abrirla podrás volver a tu mundo.
Tristán quedó enmudecido. Realmente no sabía qué decir o qué hacer.
- Comprendo que estés sorprendido, pero debes actuar rápido, pues si el tiempo se agota quedarás atrapado para siempre en Oniria, y te convertirás en una criatura de sueño.
- ¿Pero dónde debo buscar mi puerta?, ¿quién me ayudará en mi búsqueda?
- Yo te ayudaré –era la voz de Gemma, una voz melódica y armoniosa, que alivió todas las sensaciones y temores que se habían producido en Tristán.
- Si ese es tu deseo, podrás acompañar a Tristán en su viaje. Pero recuerda, chico, llegados los momentos clave de tu viaje sólo tu podrás enfrentarte a ellos.
***
Después de haberse despedido Gemma de su abuelo, Tristán y ella salieron de la sala y condujeron sus pasos hacia los pasillos en los que se encontraban las puertas de entrada a los sueños.
Una vez llegaron al cruce, Gemma llamó al paje que anteriormente atendiera a Tristán.
- Odrof, guíanos hasta la puerta de Tristán.
- Enseguida.
Odrof los condujo por el pasillo de la izquierda, hasta que se paró enfrente de una puerta que, a diferencia de las demás no tenía ningún adorno, tan sólo el pomo para abrir.
- Ésta es –dijo Odrof.
- Gracias por tu ayuda Odrof, ya te puedes retirar –contestó Gemma.
Una vez que Odrof se hubo alejado lo suficiente, la joven infanta dijo:
- Bueno, parece que ahora es el momento de la verdad. Nunca he salido de palacio, por eso me decidí a acompañarte. Pero bueno, no te distraigo más, éste es tu momento.
- Gracias por todo, de verdad.
Entonces Tristán agarró el pomo de la puerta y lo comenzó a girar lentamente. Un soplo de aire ayudó a abrir la puerta. Ante la sorpresa de ambos, detrás de la puerta no había nada, tan sólo oscuridad. Tristán comenzó a temer cruzar el umbral, y de un modo relampagueante llegaron a su mente imágenes que no sabía asociar, y el fuerte deseo de volver con su madre. Cuando se disponía a retroceder, una cálida mano tocó su espalda y le incitó a cruzar definitivamente.
***
Tristán volvía a estar rodeado de penumbra, como en el principio. Tampoco escuchaba ningún ruido. Intentó tocar la puerta, pero no la encontraba. Comenzaba a temer volver a quedarse sólo, y decidió llamar a su compañera.
- ¿Gemma? ¿Gemma? ¿Gemma estás ahí?- decía una y otra vez, cada ocasión más alto.
Pero nunca obtenía respuesta.
Ante su desánimo comenzó a andar hacia ninguna parte, en busca de no sabía qué. En esos instantes creyó escuchar algo, como el ruido después de pisar vegetación.
- ¿Hay alguien ahí?
Pero nadie contestaba.
Siguió andando, y cada vez escuchaba más ruidos, incluso le pareció escuchar algunas voces. Intentó no hacerles caso, pero le era imposible, cada vez estaba más convencido de que alguien le hablaba.
- Nunca podrás salir de aquí.
- Cállate, quienquiera que seas.
- Nunca podrás salir de aquí.
- iSilencio!
Por un momento los ruidos pararon, pero al rato se escuchaban de nuevo.
Tristán apenas podía aguantar más. El sudor resbalaba por su frente y sus piernas comenzaban a flaquear.
- iSilencio!
Nuevamente los ruidos se pararon, y al igual que antes comenzaron a sonar al rato.
Ante la agonía que sentía, Tristán respiró lentamente, sin pensar en nada, intentando relajarse, tal y como le había enseñado su madre. Entonces noto una cosa: mientras no había pensado en nada los ruidos habían cesado.
- iEso es! Todos los ruidos que escuchaba eran en realidad imaginación mía, incluso las voces. iQue tonto he sido, no sabía diferenciar los ruidos que producía mi mente de los que en realidad sucedían a mi alrededor!
Entonces apareció una luz no muy lejos de donde se encontraba y se dirigió hacia ella. Parecía que al final iba a salir de aquel estúpido lugar.
***
Fuera encontró a Gemma, que le recibió con un gran abrazo y los ojos inundados en lágrimas.
- Creía que me habías abandonado. Por unos momentos creí que iba a estar atrapada por siempre en aquel lugar, y cuando por fin pude salir no te encontraba...
- Tranquila, a mí me pasó lo mismo. Pero lo importante es que estamos los dos bien ahora.
Se secó las lágrimas con las mangas de su vestido, y de nuevo una radiante sonrisa gobernaba en su rostro.
- Entonces partamos, el tiempo apremia.
***
Pasaron por infinidad de pueblos, con gentes de todas razas, complexiones, culturas, e incluso colores. Todos ellos les habían ofrecido su hospitalidad para comer y descansar, así que tenían fuerzas como para continuar el viaje.
Debía de ser el cuarto día de jornada. Paseaban por el campo, siguiendo un sendero que corría a su derecha. Durante el viaje habían desarrollado una profunda amistad, ya que ninguno de los dos había tenido amigos, no al menos amigos de verdad, a los que se les puede confiar todos los sentimientos.
No paraban de hablar y reír, a pesar de las diferencias que había entre los dos. Pero, en el momento más inesperado, ocurrió un hecho que interrumpió sus juegos. Gemma había caído en una gruta, cuya entrada estaba oculta por el follaje, por lo que no la pudieron esquivar.
- iGemma, ¿estás bien?!
- iSi, estoy bien! iTienes que bajar aquí, esto es impresionante!
Tristán bajó con precaución a la gruta. Aquello era verdaderamente impresionante. Multitud de objetos, que por su aspecto habían pertenecido a otras personas, aunque se conservaban bien, se encontraban en aquella gruta. Lo que parecían juguetes de niños, joyas de mujeres, y un largo sinfín de objetos desconocidos para Tristán, se encontraban escondidos por alguna razón en aquel lugar.
Entonces se le ocurrió a Tristán que si él poseyera todos esos objetos sería realmente feliz, el chico más feliz del mundo. Pero por otra parte pensaba que esos objetos pertenecían a alguien, y que si el se los quitaba, aquellas personas estarían tristes. iPero tenía tantas ganas de poseerlos! Ante la duda decidió consultarlo con Gemma.
- ¿No sería fabuloso que fueran nuestros todos estos objetos?
- No sé, seguramente pertenezcan a alguien que después los eche de menos.
- Si realmente fueran de alguien no creo que estuvieran tirados en ésta gruta.
- ¿Entonces como llegaron aquí?
- No sé, idéjame!
- Pero si fuiste tu el que...
En ese instante Tristán levantó la mano en ademán de golpear a su amiga, pero no lo llegó a hacer. Gemma comenzó a llorar, quizás creyendo que se había engañado al creer que Tristán era su mejor amigo.
- Gemma, lo siento. No era mi intención...
Gemma no dijo nada. Estuvieron largo rato sentados sin decir ni hacer nada, incluso horas. Entonces se le ocurrió una gran idea a Tristán:
- iYa lo tengo! Devolveremos los objetos a sus dueños, así con su felicidad nosotros también estaremos contentos.
- iEs una gran idea!
- Oye, siento lo de antes...
- Ya lo sé. No te preocupes, sigues siendo mi amigo, un error lo tiene cualquiera.
Ante la alegría que produjo esta respuesta en Tristán, Gemma casi se asfixió del abrazo tan fuerte que éste le propinó.
***
Tras salir de la gruta y caminar un par de horas, llegaron a lo que por su tamaño parecía una ciudad. Dos grandes torres de un blanco reluciente vigilaban la entrada a la ciudad.
Un soldado encargado de la vigilancia salió a su encuentro.
- ¿Quiénes son los que desean entrar a la... iOh! Perdón, infanta. Usted es siempre bienvenida a Drogón.
- Muchas gracias.
- A sus pies infanta.
A los ojos de Tristán parecía Gemma molesta por aquel trato especial que se le daba. Pero al cabo del rato volvieron a sus juegos y risas habituales.
Después de caminar durante un tiempo corto, llegaron al que tenía que ser el Ayuntamiento. Allí los recibió el alcalde, que, al enterarse que habían encontrado en una gruta objetos pertenecientes a Drogón, cambió su rostro de simpatía por otro más preocupado.
- ¿Qué le pasa? –preguntó Gemma.
- Nada, tonterías que preocupan a un viejo aguafiestas, no quiero preocupar a mis invitados de honor.
- No se preocupe, cuéntenoslo, lo mismo le podemos ayudar.
- No lo creo, pero si quereis escuchar la historia, os la contaré. Desde hace casi una semana aparece todas las noches en Drogón un caballero de armadura negra que nos pide un tributo a cambio de nuestra vida. Al principio la gente se enfrentaba a él, pero nadie pudo ganarle, incluso los hombres más fornidos de la ciudad cayeron en combate contra él. Por eso todas las noches procuramos darle objetos con valor personal, pues es lo que él requiere. Así que esa gruta que encontrasteis debe ser la guarida donde guarda su botín. De todos modos, agradezco en nombre de todos los ciudadanos de Drogón que hayais traído nuestras pertenencias, hará feliz a mucha gente.
El alcalde acabó de contar la historia con una sonrisa ciertamente falsa en su rostro, invitando a los huéspedes a cambiar de tema.
Esa noche los dos amigos cenaron como llevaban tiempo sin hacerlo. Se preparó un gran banquete en su honor: animales de todo tipo cocinados de las más diversas maneras, postres tan dulces como ningún otro... Pero lo mejor de todo fue la bebida: servida en una copas extrañas cuyo solo contacto con los labios reconfortaba los ánimos del más pintado, había un liquido transparente capaz de animar, sanar o calmar desde el momento en que rozaba con los labios hasta que se derramaba por la garganta.
Sin embargo el banquete fue interrumpido por alboroto en el exterior del Ayuntamiento. Todos los invitados empezaron a levantarse de las sillas y salir al exterior. No les quedó otra alternativa a Tristán y Gemma que parar el banquete y salir fuera para comprobar lo que pasaba. En ese momento fue cuando un pendiente se deslizó de la oreja de Gemma y cayó al suelo. Era un pendiente precioso, de cristal por fuera y tan azul por dentro que parecía contener toda la esencia del mar. Tristán lo vio caer, y afortunadamente lo recogió antes de que alguien lo pisara, se lo metió en el bolsillo izquierdo de su pantalón y decidió que se lo entregaría a Gemma después de todo aquel tinglado.
Al salir a la calle se encontró con una escena estremecedora. Un jinete con armadura negra, montado en un caballo de color marrón oscuro, iba arrancando los objetos de las manos de la gente que se los ofrecía, incluso de los niños más pequeños y los ancianos más mayores. Una vez hubo acabado de recoger todas las “ofrendas”, dio un giro repentino con su caballo y se dirigió hacia el alcalde.
- No me gustó que desaparecieran las cosas que he estado acumulando durante estos días. Como consecuencia mañana habrá un duelo con una persona a mi elección. Si gana él, como muestra a la valentía que habeis demostrado al quitarme vuestros objetos, me marcharé definitivamente de la ciudad y os devolveré vuestros objetos. Sin embargo, si yo soy el vencedor, la ciudad pasará a estar bajo mi gobierno.
Un rumor se escuchó entre el pueblo de Drogón cuando el caballero de negro dejó de hablar, rumor que fue interrumpido cuando comenzó a andar el caballo de éste, muy despacio y entre toda la gente. Parecía observar a cada uno de los habitantes de la ciudad. Ante la sorpresa de todos los presentes, se paró junto a Tristán, desenvainó su espada y con ella lo señaló.
- iTú!
- iPero si es sólo un niño!- exclamó toda la gente.
- Mañana al anochecer tendrá lugar en este mismo lugar un duelo a caballo entre él y yo.
Y nada más decir esto, el caballo salió a trote de la plaza.
***
Tristán se encontraba nuevamente sólo. La armadura le estaba ligeramente grande y nunca había montado a caballo, sin embargo todas las esperanzas del pueblo de Drogón estaban puestas en él. La voz del caballero junto a aquel pequeño cuarto con una luz tenue le traían ráfagas de recuerdos que no sabía relacionar.
Gemma, que había pasado a ser su singular escudera, entró en el pequeño cuarto.
- Me temo que es la hora. Él ha llegado.
Tristán montó a duras penas en el caballo, y en cuanto comenzaba a salir a la plaza el clamor del pueblo de Drogón le recibió.
Enfrente suya, a una distancia todavía grande se encontraba su oponente, de figura imponente.
Sonó el cuerno y comenzó la primera embestida. La lanza del caballero rozó ligeramente el brazo de Tristán y éste estuvo a punto de caerse del caballo.
Los caballos dieron la vuelta, comenzaba la segunda embestida. El caballero golpeó claramente el pecho de Tristán, sin embargo, y ante la sorpresa general, aguantó el equilibrio. Tristán no sentía dolor en el pecho, si no en el brazo, se miró y tenía un moratón, probablemente de la primera embestida.
Nuevamente los caballos se dispusieron para una nueva embestida. Esta vez el caballero golpeó en la pierna a Tristán, al que tan solo le molestaba su brazo izquierdo en el que apareció un nuevo moratón. Aquello era cada vez mas extraño.
Finalmente, en la cuarta embestida, el caballero golpeó en el casco de Tristán, haciéndole caer del caballo con la mala, o buena suerte, según el punto de vista, de que mientras caía dejó suelta la lanza que se introdujo por las rendijas del casco del caballero, haciéndole caer a él también.
El público se mostraba expectante de saber lo que había ocurrido. Tristán, sacando todas las fuerzas que le quedaban se levantó y caminó hacia el caballero. Al levantar la visera quedó totalmente mudo. A pesar de estar ensangrentado reconoció enseguida el rostro de su padre. En ese momento, y ante su propia sorpresa, cayó arrodillado al suelo y comenzó a llorar. Siempre había pensado que odiaba a su padre, pero ahora se daba cuenta que en realidad le quería, a pesar de lo mal que él lo trataba, pero Tristán siempre había deseado que fuera un buen padre, como cuando era más pequeño.
El público quedó anonadado con la reacción de Tristán, y Gemma, viendo la vergüenza a la que estaba siendo sometido Tristán, lo llevó de nuevo al interior del cuarto del que anteriormente habían salido.
***
Ahora, sentado en el suelo de la habitación, lo comprendía todo. Se había quedado encerrado en el sueño después de que su padre tuviera un accidente con el coche, en el que también él viajaba. Este cuarto le traía recuerdos de su habitación de noche, por la luz tenue, donde su padre, cuando llegaba borracho, le sometía a palizas físicas y mentales. Pero ahora también se acordaba de cuando su padre no era así, cuando no bebía y los dos se llevaban bien. También pensó que nunca se hubiera atrevido a enfrentarse con su padre, que todo había sido casualidad.
Gemma se quedó sin palabras al conocer la historia de su amigo.
Un largo silencio cubrió la habitación, alguien tenía que romperlo.
- Ya ha pasado casi una semana, y aún no he encontrado la llave. Temo quedarme encerrado.
- Entonces pongámonos en marcha- respondió Gemma, con una voz apagada.
La sorpresa fue de ambos cuando, al levantarse Tristán sonó un chocar metálico en el suelo. Se trataba de la llave, la había tenido siempre encima pero nunca había confiado en que él mismo pudiera ser la solución a sus problemas.
***
Nuevamente cogidos por sorpresa, se vieron repentinamente en el salón del trono del castillo de Oniria. Gemma corrió a abrazar a su abuelo, que la acogió con un cálido abrazo.
Tras los saludos, el rey se pronunció:
- Tristán, veo que finalmente has conseguido la llave. Espero que tu viaje te haya servido para enseñarte cosas. Pero ahora debes marcharte, tu tiempo se agota.
El rey cogió la llave de manos de Tristán y con ella abrió la puerta. Entonces Gemma, con los ojos llorosos, se abrazó a Tristán y le besó fuertemente en la mejilla. No hubo palabras de despedida.
Tristán se colocó frente al umbral de la puerta. De nuevo se veía sin ganas de cruzarlo, esta vez no por miedo, si no por lo que dejaba aquí. Pero le pareció ver a su madre al otro lado de la puerta y entonces se decidió a cruzarla.
***
Cuando despertó estaba en la cama del hospital. No le dio tiempo a espabilarse cuando se encontró espachurrado por el abrazo de su madre.
Poco más tarde se enteró que había estado en coma una semana, al igual que su padre, que desgraciadamente murió durante este estado.
Tras unos días le dieron el alta, y cuando se marchaba metió involuntariamente la mano en el bolsillo izquierdo de su pantalón. Había un pendiente bellísimo, de cristal por fuera y de un azul tan intenso por dentro que parecía contener toda la esencia del mar.


Flor de muerte

“Cuenta una leyenda que el
ángel de la muerte es tan hermoso
que cuando lo ves te enamoras tan
profundamente que abandonas todo
para seguirle”

La séptima noche que no conciliaba el sueño. La séptima noche en que no me hacía falta cerrar los ojos y dormir para vivir en un mundo de pesadilla. La séptima noche que un muro de atrocidades rodeaba mi cama, impidiendo al sueño llegar a mi atormentada mente.

Todavía me inquieta recordar las siete muertes que han sucedido durante ésta semana infernal.

La primera víctima fue una joven inmigrante, de origen desconocido. Según algunos vecinos de la zona donde fue hallada se dedicaba a la prostitución. Nadie acudió a su entierro.

La segunda víctima se trataba de un varón, de unos cincuenta años aproximadamente, fontanero de profesión. Algunos conocidos declararon que semanas antes de su muerte había perdido a toda su familia en un accidente de tráfico.

La tercera y la cuarta víctima eran una pareja, aparentemente feliz, pero más tarde se pudo comprobar que ambos habían interpuesto numerosas denuncias por maltratos físicos y psíquicos. El miércoles murió él, el jueves, ella.

La quinta víctima era un jubilado. Pasaba el día entero sentado en un banco del parque, sin nada que hacer, sin nadie con quien conversar. Ahora ese banco está vacío día y noche, y los niños que juegan a su alrededor ni siquiera se dan cuenta de que algo falta.

La sexta víctima fue un joven prometedor. Sus aptitudes intelectuales le habían permitido ascender velozmente en su trabajo. Le dedicaba todo su tiempo, había perdido la relación con sus amigos, incluso con su familia.

Finalmente, la séptima víctima. Un vagabundo, refugiado entre grandes rascacielos. Es curioso, a veces parece que los que más poseen son los que menos tienen para compartir.

Todas las víctimas eran encontradas de una manera semejante. Las venas cortadas a la altura de las muñecas, y una gélida y espectral sonrisa en el rostro. Nunca se encontraban señales de forcejeo en la escena del crimen, ni siquiera en las víctimas, tan sólo un cuchillo.

Todo parecía indicar que se trataba de siete suicidios desconectados entre si, si no hubiera sido por un detalle.

De la boca de las víctimas surgían unas flores, extrañas, pero, sin embargo, hermosas. No estaban introducidas, sino que nacían de las entrañas de los muertos. Tras la tercera muerte se mandaron al jardín botánico para que fueran examinadas. Los resultados fueron asombrosos. Se trataba de una extrañísima clase de rosa, que se alimentaba de materia orgánica en descomposición, corriendo por su interior una savia de color rojizo.

Estos datos eran, sin duda, esclarecedores. Alguien debía introducir la semilla de esta rosa en el cadáver después de su muerte, pues de otro modo hubieran sido rápidamente reducidas a la nada por los ácidos del estómago.

Mi cabeza daba vueltas después de recordar todo lo sucedido, así que, ante la idea de seguir tumbado atormentándome, decidí salir a la calle.

Una cúpula de oscuridad, tan sólo salpicada de pequeños puntos de luz intermitentes, lo rodeaba todo. Una espesa capa de niebla se extendía sobre los estrechos callejones de la vieja ciudad. Tan sólo las farolas, únicos testigos de las atroces muertes, otorgaban la visibilidad suficiente para que se pudiera seguir caminando.

Perdido en mis pensamientos llegué sin proponérmelo al puerto. Sorprendido, decidí pararme un instante para descansar.

Pero entonces, sucedió. De la oscuridad que me rodeaba surgió un ruido. Pisadas. Se acercaban poco a poco, hasta que comencé a vislumbrar una silueta. Mi corazón comenzó a latir con una velocidad tal, que parecía que alguien estuviera martilleando mi cabeza.

Pero una vez la tuve frente a mi, todo cambió. Todo era tranquilidad. Su pálido rostro era lo más bello que jamás hubiera visto, que jamás hubiera imaginado. Sus ojos eran negros, negros como aquella noche. Estuvimos mirándonos quizás segundos, quizás minutos, quizás horas… quien sabe, hasta que comenzó a hablar.

- Y ahora, dime. ¿Temes a la muerte?

No sabía que responder. Mis labios habían quedado sellados ante su melódica voz. Ella continuó hablando.

- Tu cuerpo aún vive, pero tu alma hace años que murió. Cada vez que crees estar seguro, cada vez que atrapas a un criminal, vuelve a surgir algo que te devuelve a la mente esas imágenes que siempre crees borradas. Es por eso que cada vez que llega la noche no consigues dormir, tú y yo lo sabemos. Vives una muerte en vida. Yo te ofrezco una nueva vida a partir de la muerte.

- Como esas extrañas rosas…

- En efecto –me respondió, con una sonrisa que durante un momento iluminó toda la oscuridad que había en mi interior.

Le devolví la sonrisa. Cogí el cuchillo que me ofrecía. Jamás tendría que atormentarme con aquellos recuerdos. Jamás tendría que volver a preguntarme si vivir merecía la pena. Ya no. Nunca más.



P.D.: los relatos aparecen tal y como fueron concebidos. He respetado hasta las faltas de ortografía, al fin y al cabo, así es como salieron en su momento.

domingo, 24 de febrero de 2008

Disarm

Bueno, pues por fin me decido a colgar una cancioncilla tras las numerosísimas peticiones (tres, juas).
Es mi propia versión del Disarm de los Smashing Pumpkins, extrayendo el audio de un vídeo grabado con el móvil, asi que os podéis imaginar la inmensa calidad que atesora, lo que unido a la calidad del intérprete en sí mismo está haciendo que la lluvia visite estas tierras, jeje.
Tiene un par de fallos garrafales, pero me gusta cómo quedó la voz, asi que paso de grabarla cuatrocientas veces hasta sentirme satisfecho.
Pues nada, espero que sufráis lo mínimo...

http://www.megaupload.com/?d=JCXISE1Q

domingo, 17 de febrero de 2008

Los cutre-dibujos del gato negro

Una de las cosas buenas (quizás la única) de que se te rompa el ordenador y tener que recurrir a las copias de seguridad que tuvieras es que encuentras algunas cosas que tenías ya olvidadas.



Estos son Nolosé, Notelodigo y Luna, efímeras mascotas de El gato negro. Nolosé era un niño fantasma que vivía en un desván abandonado, acompañado únicamente de Notelodigo, una frágil mariposa enamoradiza, y Luna, objeto de amor inalcanzable para Nolosé.



Este es un caracuña, una especie de duende-mago encargado de hacer desaparecer calcetines en las casas de los humanos.



Y este tuvo que ser un mal día, juas.

Sep, el dibujo no es lo mío, pero me hizo gracia el reencuentro y tenía ganas de actualizar...

lunes, 11 de febrero de 2008

Diario de sueños

Domingo, 10 de febrero de 2008

Estoy en el exterior de un edificio antiguo. Parece el palacio de Carlos V, pero algo cambiado. Me encuentro acompañado por gente que se supone son mis amigos, pero no reconozco a nadie. Creo que intentábamos subirnos a un árbol en una especie de juego algo extraño. De repente, una pequeña puerta se abre y aparece un hombre gordo, vestido con una túnica blanca, los ojos marcados con rimel, y exclama:
- ¡Bienvenidos a Tebas!
Todo el mundo empieza a entrar, mientras una voz dice, dentro de mi cabeza, "tú eres el pájaro, sigue al pájaro".
Estoy dentro del palacio, que no es otra cosa que un lujoso teatro decorado con cerámicas grecorromanas. Puedo volar, y de algún u otro modo sé que no debo sentarme con el resto del público, asi que me coloco en un rincón de un amplio balcón.
Creo que nadie puede verme allí, pero no puedo estar más equivocado: estoy en el escenario. Una puerta se abre, y aparece una numerosa comitiva. Los actores me miran extrañados, o quizás asqueados. Les encabeza el emperador. Sé quién es porque tiene una corona con la efigie de un águila.
¡Un águila! He de seguir al pájaro. Me levanto, me uno a la comitiva... y suena el despertador.


Lunes, 11 de febrero

Huyo por estrechos callejones. No recuerdo qué me perseguía, pero sé que soñé algo antes.
La persecución acaba en la Gran Vía de Granada. Parece ser carnaval, todo el mundo camina por mitad de la calle, aunque van vestidos con normalidad. Creo que predominaban los trajes grises.
Destaca una figura gigante, autoanimada, como las esculturas vivientes de Theo Jansen (increíble este vídeo). Pero ésta tiene forma humanoide. Su rostro es muy parecido a un tipo de máscara veneciana, las narigudas, y su pelo está alborotado. Los ojos tienen vida, me miran a mí.
Y entonces... premio, suena el despertador.

jueves, 7 de febrero de 2008

Remolacha



Remolacha. El nombre perfecto para una perfecta desconocida.
Su pelo es púrpura, con reflejos verdosos, broches en forma de estrella sujetan sus extraños peinados. Guarda un océano en cada iris. Si prestas atención podrás ver pequeñas esquirlas marrones, como si barquitos de madera navegaran en su mirada. La piel, pálida, es nieve mácula, cubierta de pequeñas pecas y lunares, pisadas de duende. Sus labios prometen el paraíso, su sonrisa no hace más que confirmarlo.
Remolacha piensa que la peor esclavitud es la de tener que complacer a otro, hace tiempo prometió amarse sólo a sí misma. Le encanta escribir; siempre lleva una pequeña libreta de cuero en la que escribe pequeños poemas. Considera que todos los -ismos y todos los -istas son verdaderamente estúpidos, ella sólo hace lo que quiere y cuando quiere. No puede vivir sin la música, pasea con un estuche negro en el que porta una viola lenguaraz y roída por el tiempo.
Remolacha es mi mejor amiga. Acude a mí cuando lo necesito, sin tener que llamarla. Es mi musa, mi deseo inalcanzable.
Remolacha vive sólo en mi imaginación, y con mi olvido llegará su muerte.

domingo, 3 de febrero de 2008

Esperando

Aviso para navegantes: el contenido de esta entrada no pertenece al abajo firmante. Es un escrito de un amigo, R. El hombre hace méritos, asi que... ¡leedle y apoyadle! Jeje, espero que os guste.

Seguro que era muy guapa. Antaño, cuando aún albergaba juventud entre sus huesos, debía de ser una mujer lozana, altiva, con el pelo azabache colgando por la cintura cuando andaba suelto, ya que solía llevarlo recogido por recato. Tenía una mirada sincera, del color de la tierra, que con el devenir de los años se ha tornado más clara, casi grisácea. Debió pasar muchas penurias, como todas esas abuelas que no dejan de recordar un pasado que para ellas está aún muy vivo.
Su familia debió dividirse entre rojos y nacionales. Granada no fue una ciudad tranquila por entonces, en ella se dieron algunos de los episodios más convulsos de la guerra. Ella convivió con Lorca, seguro que aún recuerda cuando fue asesinado en el barranco de Víznar, no muy lejos de aquí. De joven anhelaba tiempos mejores, y la dictadura pasó, mientras los militares se iban muriendo en la cama de algún postrero hospital. Ahora la democracia la despierta ya cansada, mira por la ventana al amanecer casi por costumbre, ya no tiene ganas de levantarse. Viste de negro reglamentario, se hunde en un luto ya eterno que la acompañará hasta la sepultura. Y se sienta, metódica, a seguir esperando tiempos mejores.



ELEGÍA (fragmento), de Lorca

La tristeza inmensa que flota en tus ojos
nos dice tu vida rota y fracasada,
la monotonía de tu ambiente pobre
viendo pasar gente desde tu ventana,
oyendo la lluvia sobre la amargura
que tiene la vieja calle provinciana,
mientras que a lo lejos suenan los clamores
turbios y confusos de unas campanadas.

Mas en vano escuchaste los acentos del aire.
Nunca llegó a tus oídos la dulce serenata.
Detrás de tus cristales aún miras anhelante.
¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma
al sentir en el pecho ya cansado y exhausto
la pasión de una niña recién enamorada!

Tu cuerpo irá a la tumba
intacto de emociones.
Sobre la oscura tierra
brotará una alborada.
De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos
y de tus senos, rosas como la nieve blancas.
Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas,
como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.

jueves, 31 de enero de 2008

Aokigahara


Aokigahara, también conocido como el Mar de Árboles, es un bosque que se extiende en la ladera del monte Fuji. Desde tiempos remotos se le supone un bosque encantado por yokai, una clase de obake, criaturas del folklore japonés.
Aokigahara es, además, un "santuario suicida" debido en parte a la novela Kuroi Jukai (El bosque negro), escrita por Seicho Matsumoto, y que posteriormente sería serializada en televisión. Tanto en la novela como en la serie la pareja de amantes protagonista acababa suicidándose en este bosque. Otra parte de la culpa sería que es el modo más "económico" de abandono voluntario de la vida; por ejemplo, tirarse a las vías conlleva en Japón que tu familia tenga que pagar una cuantiosa multa por retrasar el transporte público. Sí, Japón después de todo no es el paraíso que muchas veces se vende.
Cada año un cuerpo especializado de policías y bomberos se desplaza a Aokigahara en busca de cadáveres pero, según sus propias palabras, no hacen más que rasgar la punta de un tremendo iceberg. Prácticamente nadie pisa las profundidades del bosque.
Aunque ellos no son los únicos que se dedican a buscar cadáveres. No es extraño que "cazatesoros" se adentren en el bosque a la búsqueda de las pertenencias de los suicidas, y otras personas, como la encargada de esta sobrecogedora página, intentan dar a conocer el estado en el que quedan los cuerpos para auyentar a aquellos con vocación de suicida.

"El lugar perfecto para morir". Así era descrito Aokigahara en el Manual Completo del Suicida, un auténtico best-seller en tierras niponas hasta que fue expresamente prohibida su venta. Ahora, claro está, circula por la red.
Y por la red se organizan grupos de suicidas que no quieren partir solos hacia la nada. Curiosa criatura el ser humano, buscando calor y copañía incluso (o aún con más intensidad) en el momento de la muerte.

lunes, 28 de enero de 2008

Budapest

La foto que sirve de cabecera a esta bitácora la tomé desde una colina cercana al Palacio Real de Buda. Lo que se puede acertar a vislumbrar no son mas que las luces desenfocadas de Pest y la orilla derecha del Danubio.
Como ya habréis deducido, Budapest es en realidad dos ciudades: Buda, más clásica y elitista (y, quizás, no tan perjudicada tras el bombardeo sufrido durante la Segunda Guerra Mundial), y Pest, más moderna y prácticamente reconstruída en su totalidad tras la contienda. Separadas por el segundo río más largo de Europa, ocho colosales puentes permiten que magia y ciencia se den la mano.

Hasta hace poco intentaba escribir una "novela" ambientada en Budapest. Ahora el proyecto está aparcado, el club de los poetas tuertos aguarda a mi imaginación para volver a existir.

Budapest es, en definitiva, una ciudad-metáfora. De algún u otro modo, todos somos Danubio atrapado entre dos tierras.