jueves, 31 de enero de 2008

Aokigahara


Aokigahara, también conocido como el Mar de Árboles, es un bosque que se extiende en la ladera del monte Fuji. Desde tiempos remotos se le supone un bosque encantado por yokai, una clase de obake, criaturas del folklore japonés.
Aokigahara es, además, un "santuario suicida" debido en parte a la novela Kuroi Jukai (El bosque negro), escrita por Seicho Matsumoto, y que posteriormente sería serializada en televisión. Tanto en la novela como en la serie la pareja de amantes protagonista acababa suicidándose en este bosque. Otra parte de la culpa sería que es el modo más "económico" de abandono voluntario de la vida; por ejemplo, tirarse a las vías conlleva en Japón que tu familia tenga que pagar una cuantiosa multa por retrasar el transporte público. Sí, Japón después de todo no es el paraíso que muchas veces se vende.
Cada año un cuerpo especializado de policías y bomberos se desplaza a Aokigahara en busca de cadáveres pero, según sus propias palabras, no hacen más que rasgar la punta de un tremendo iceberg. Prácticamente nadie pisa las profundidades del bosque.
Aunque ellos no son los únicos que se dedican a buscar cadáveres. No es extraño que "cazatesoros" se adentren en el bosque a la búsqueda de las pertenencias de los suicidas, y otras personas, como la encargada de esta sobrecogedora página, intentan dar a conocer el estado en el que quedan los cuerpos para auyentar a aquellos con vocación de suicida.

"El lugar perfecto para morir". Así era descrito Aokigahara en el Manual Completo del Suicida, un auténtico best-seller en tierras niponas hasta que fue expresamente prohibida su venta. Ahora, claro está, circula por la red.
Y por la red se organizan grupos de suicidas que no quieren partir solos hacia la nada. Curiosa criatura el ser humano, buscando calor y copañía incluso (o aún con más intensidad) en el momento de la muerte.

lunes, 28 de enero de 2008

Budapest

La foto que sirve de cabecera a esta bitácora la tomé desde una colina cercana al Palacio Real de Buda. Lo que se puede acertar a vislumbrar no son mas que las luces desenfocadas de Pest y la orilla derecha del Danubio.
Como ya habréis deducido, Budapest es en realidad dos ciudades: Buda, más clásica y elitista (y, quizás, no tan perjudicada tras el bombardeo sufrido durante la Segunda Guerra Mundial), y Pest, más moderna y prácticamente reconstruída en su totalidad tras la contienda. Separadas por el segundo río más largo de Europa, ocho colosales puentes permiten que magia y ciencia se den la mano.

Hasta hace poco intentaba escribir una "novela" ambientada en Budapest. Ahora el proyecto está aparcado, el club de los poetas tuertos aguarda a mi imaginación para volver a existir.

Budapest es, en definitiva, una ciudad-metáfora. De algún u otro modo, todos somos Danubio atrapado entre dos tierras.